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2021, no nos sorprendas, que te vamos a sorprender nosotros



Fue en enero de 2019 que empezaron a sonar campanas sobre una enfermedad similar a la gripe que estaba asolando China, demasiado lejos como para darle importancia. Eso sí, empiezan las primeras recomendaciones: fomentemos el lavado frecuente de manos y la ventilación, pero nada de lo que preocuparse, es una gripe.


A mediados de febrero empezábamos a escuchar los primeros casos en España, ponemos nombre a la enfermedad, aunque no deja de ser una simple gripe, sin demasiada importancia, pero nos aconsejan seguir haciendo hincapié en las medidas higiénicas.


Llega principios de marzo, la cosa empieza a ponerse fea, y la comunidad se divide en dos bandos: los que creen que es una simple gripe y que se le está dando demasiada importancia, y los que creen que algo gordo está pasando y no tenemos suficiente información. Alumnos y profesores empezamos a estar preocupados, se nos nota.

Los alumnos empiezan a preguntar por cosas que no sabemos contestar, cosas sobre las que no tenemos respuesta. Nuestra labor: quitarles preocupación, intentábamos protegerlos. Les aconsejábamos, le restábamos importancia, no queríamos creerlo y, sobre todo, no queríamos que lo creyeran.


El terrible 12 de marzo llega, jueves, nos anuncian un confinamiento inminente que inicia el próximo lunes 16. La bomba acaba de estallar. Nuestro mundo, como profesores, como centro educativo, se pone del revés. Las aulas están desiertas, ningún alumno pisa el cole en ese triste día 13. Los profesores, compañeros, nos miramos con desconcierto, tenemos miedo y no queremos admitirlo. Nos cruzamos por los pasillos, no sabemos ni qué decirnos. ¿Y ahora qué? ¿Y nuestros alumnos?


Reunión urgente de todo el equipo docente, en horarios escalonados, con distancias de seguridad. De la noche a la mañana nos volvimos virtuales, nos digitalizamos, compartimos entre los compañeros herramientas para hacer frente a esta situación desconocida, creamos clases virtuales, grupos de Whatsapp, Telegram, Zoom, Skype, Classroom, campus virtual… de la noche a la mañana. Al despedirnos ese día los compañeros, nos mirábamos y, aunque no lo decíamos, teníamos miedo. No sabíamos qué pasaría ni cuándo volveríamos a vernos. Sabíamos que nos íbamos a echar de menos.


De la noche a la mañana digitalizamos nuestros contenidos, nos convertimos en personas detrás de una pantalla trabajando solo por ellos, por nuestros alumnos, nuestra razón de ser profesores, nuestra razón de ser un colegio. Las reuniones virtuales se convertían en terapias, nos dábamos ánimos los unos a los otros “felicidades, lo estáis haciendo genial”, “seguid así” y siempre nos despedíamos con un “pronto acabará”, aunque sabíamos que no era verdad.


No fueron 15 días. Marzo, abril, mayo y junio pasaron detrás de una pantalla. “Pronto acabará”, les decíamos también a todos nuestros alumnos, seguíamos intentando protegerlos, y también a nosotros. Nos hemos echado de menos. Mucho. Sus risas, sus historias, los ruidos de los pasillos, las anécdotas, nuestros almuerzos, nuestras reuniones, el “buenos días" de Guillermo…


No volvimos a vernos hasta septiembre. No volvimos a escuchar el ruido del aula llena hasta el día 7 de ese mes. Pero qué extraño fue. Escuchábamos frases tipo: “pues yo no pienso llevar a mi hijo al colegio este año”, “el curso no iniciará”, “si abren los colegios, en dos semanas estaremos encerrados de nuevo”, y así hasta un largo etcétera.


Nosotros, como colegio, como profesores, queríamos volver a las aulas, queríamos que ellos volvieran a las aulas. Lo necesitábamos. Todos.

Ante tanto desconcierto ideamos un Plan de Contingencia para una vuelta segura a las aulas. Mascarillas, distancias de seguridad, división de grupos, semipresencialidad, horarios escalonados, ventilación, turnos de mañana y tarde, redistribución de aulas, toma de temperatura al inicio de la jornada, desinfección de aulas diaria, desinfección de pies y manos a la entrada del colegio… y un largo etcétera que mantenemos cuatro meses después del inicio de las clases, y que han permitido que lleguemos al final del primer trimestre, para asombro de muchos, con las aulas abiertas.


Compañeros del gremio y centros escolares, qué buen trabajo habéis hecho. No cabe en nosotros más orgullo por esta increíble profesión, que nunca dejará de sorprendernos y que nos hace reinventarnos y reponernos tantas veces como haga falta. Sois fantásticos, de verdad.


Y ellos, nuestros alumnos, que cada día respetan y acatan las normas sin quejarse, sin quebrantarlas. Que soportan seis horas diarias de mascarilla sin quitársela ni bajársela salvo para tomarse el almuerzo, manteniendo entre ellos más de metro y medio de distancia. Que juegan, saltan y ríen con mascarilla y que nos han demostrado que son capaces de todo solo por estar juntos y por aprender. Solo tenemos palabras de agradecimiento hacia ellos. Solo podemos, como profesores, padres, y adultos, sentir orgullo hacia vosotros.


Esperamos y os deseamos a todos, compañeros y alumnos, que paséis unas felices fiestas y deseéis salud a todos los vuestros. La salud es nuestro regalo de este año. Hay que ser agradecidos por haber llegado hasta aquí. Damos gracias cada día.


Nuestro deseo, como centro escolar, es seguir viéndoos a diario y que llegue el momento de poder volver a ver vuestras sonrisas, sin mascarillas.

¡Disfrutad compañeros, este año, nos lo hemos ganado!

2021, no nos sorprendas, que te vamos a sorprender nosotros.

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